ALEMANIA-CINE
De "Metrópolis" a Tarantino, Babelsberg guarda misterios de un siglo de cine
Potsdam (Alemania), 4 feb (EFE).- El pabellón Marlene Dietrich y la calle Quentin Tarantino marcan las coordenadas de los estudios Babelsberg, a las puertas de Berlín, cuna de la filmografía alemana y cada vez más internacional, como muestran las trece candidaturas a los próximos Oscar que acumulan filmes salidos de sus platós.
Desde el "Metrópolis" de Fritz Lang al "Ángel Azul", con Dietrich como protagonista, la historia del cine alemán, incluso su capítulo más oscuro, puede leerse en clave Babelsberg, que acogió en su día la Academia de Cine del Tercer Reich por deseo personal del ministro nazi de Propaganda, Josef Goebbels.
Los estudios de Potsdam, ciudad vecina a la capital alemana, han evolucionado desde entonces, hasta convertirse en el mayor complejo cinematográfico de Europa, clave de las películas sobre el nazismo tanto alemanas como internacionales, con éxitos como "The Pianist", "The Reader" e "Inglorious Barterds", nominada a ocho Oscar.
La proyección global de los estudios se reforzó en 2002 con la llegada de dos nuevos propietarios, Carl Woebcken y Christoph Fisser, que, tras éxitos como "The Pianist" y "Enemy at the Gates", decidieron avanzar aún más en la estrategia de la coproducción.
Las ayudas que el Gobierno alemán presta al cine, a través del fondo de promoción, también han favorecido el desembarco en el estudio más antiguo del mundo -fundado en 1912- de producciones como "The constant gardener", "The Reader" y "Valkyria".
2010 presenta buenas perspectivas para Babelsberg, que ha abierto su propio estudio en la República Checa y estudia expandirse a Dubai, según explicó Woebcken a un grupo de periodistas extranjeros de visita por los míticos estudios.
"Berlín es además una ciudad muy económica, en comparación con la mayoría de ciudades europeas, lo que supone una ventaja para los productores, que quieren rodar aquí", indicó.
Más de un millón de artículos de atrezzo, que incluyen réplicas de "La maja desnuda" y del "Dos de Mayo" de Francisco Goya, reposan en los depósitos de los estudios, a la espera de un nuevo proyecto que los rescate de su letargo para la gran pantalla.
A medio camino entre una tienda de antigüedades, el trastero de la abuela y un bazar oriental, los almacenes de Babelsberg albergan desde aparatos de escucha de la policía política germano-oriental (Stasi) a un libro -con Pierce Brosnan en la portada- que será clave en el último film de Roman Polanski "The Ghost Writer", que se estrenará en la Berlinale.
"El alquiler de estos objetos oscila entre los 20 céntimos y los 100 euros por día, pero por lo general cada elemento cuesta dos o tres euros", explicó a Efe Eckhard Wolf, director del depósito.
Porcelanas chinas, maquetas de barcos piratas, vestidos renacentistas o harapos infantiles contribuyen a "plasmar sobre película la idea que un director trae en la cabeza", indicó.
"También tenemos nuestro rincón para los dictadores", añade con sorna, y señala la esquina de una estantería, donde se acumulan bustos de metal de Hitler, Stalin y Lenin.
La mayor parte de los elementos de atrezzo son "auténticos", obtenidos a través de la compra, la subasta o la donación de particulares, mientras que los amplios fondos de vestuario son, en su mayoría, reproducciones posteriores basadas en patrones reales, hasta sumar 300.000 piezas textiles.
La chaqueta de un uniforme nazi cosido a balazos y con restos de sangre falsa deja marca de su paso por el rodaje de "Inglorious Basterds", uno de los últimos éxitos de los estudios, que actualmente preparan cuatro nuevas coproducciones internacionales.
Pero la sombra del nazismo es aún alargada en Alemania, hasta el punto de que el estudio, que permite alquilar su vestuario a particulares, restringe los antiguos uniformes nazis a "proyectos de películas que conozcamos realmente bien, para que no se haga un uso dudoso de ellos", explica Adele Leuter, responsable de vestuario.
La minuciosidad histórica con que se trabaja en ese departamento no siempre se refleja en las películas, para frustración del personal. "No importa que le digamos a un director que hacia el final de la II Guerra Mundial los uniformes de las SS eran grises. Insisten en usar los negros porque son más reconocibles", apunta.
Con talleres de carpintería y pintura propios, la sede de Deutsche Filmorchester de Babelsberg y la Berliner Strasse, toda una avenida que recrear un lánguida gris calle de Berlín -empleada en "The pianist"- los estudios de Potsdam encaran su centenario de 2012 como perpetuo epicentro de la cinematografía alemana.